“La Vida Ese Paréntesis”

Gran parte de la obra que Benedetti logra concebir refleja su propio ser, su propia historia. Su vida en el exilio durante doce años. Su experiencia cercana con el dolor y el desarraigo y la perdida de la fe.

Este libro está plagado de fantasmas del pasado, de amores inconclusos, todo mezclado con la profunda náusea de una existencia vacía….y la consecuente falta de dios….cualquiera que sea….

 

En “La vida ese paréntesis” se mezclan, frenéticas y mágicas, miles de matices luminosos y funestos, que envuelven a quien logra conectarse con la inmensidad de lo que, tan ricamente, el autor busca expresar.

Muchas veces Benedetti logra concebir maravillosos instantes de encuentros, eternos y fatales, con el ser interno que tanto ama. Con la realidad furtiva, que sangra entre sus venas de latinoamericano.

“La vida ese paréntesis” es un espacio reflexivo y luminoso de prosas y poesías inspiradoras y combativas…desencantadas y efervescentes como su vida misma…su pluma revela la lucha eterna que lleva con la nueva sociedad que se ha forjado. Con el espacio vacío que se llena con las palabras que logran construir todo un mundo…

“¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿Sólo graffiti? ¿Rock? ¿Escepticismo? También les queda no decir amén, no dejar que les maten el amor, recuperar el habla y la utopía. Ser jóvenes sin prisa y con memoria, situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros”. Grita con fuerza desde la profundidad de su abismo estival, reza con satisfacción dogmática en una de sus poesías.

Libro La Vida Ese Parentesis de mario benedetti 01
Mario Benedett,
Editorial Sudamericana,. 164 pp.

La vida ese paréntesis es una mezcla de cantos fortuitos al olvido, a la naturaleza, a la desesperanza, a la nostalgia, al amor vendimia.

Benedetti con su novela La Tregua alcanzó en 1960 un renombre internacional y con La vida ese paréntesis marca un punto de partida, un universo lleno de vivencias propias y ajenas que siente parte de su mente, de su esencia literaria.

“¿Será esta niebla el infinito? El infinito ¿será Dios? ¿Será que Dios no se perdona habernos hecho tan inermes? Sin esperanza y sin alarmas no sé si voy o pertenezco a eta niebla que casi me aisla sin odio ni misericordia”

“Todo se borra/por lo pronto me desvanezco/vuelvo al limbo así/sin más/desaparecen algunos desaparecidos”. Así lleva entre sus dedos en el soliloquio del desaparecido una realidad latente y que algunos buscan olvidar y borrar… Pero que él proclama con fuerza, con temor a que la sociedad pierda la memoria y se quede con jirones de un pasado cansado, que olvide su historia y deje así de ser civilización… Porque ¿qué es el hombre sin pasado?, un loco, un esquizofrénico… Tal como el hombre moderno que todo lo deja en la nebulosa de un tiempo espectral y vacío.

Cansado, furibundo, llama, canta y exhala “La lluvia ¿qué nos riega? ¿será lluvia o será la saliva de Dios que nos salpica?”.

Su libro es un grito al viento, al que quiera poner atención, porque las palabras construyen realidades muy distintas dependiendo de quienes las articulen y se mueven furiosas, violentas como dagas cuando dicen una verdad, esquiva, pero cierta al fin.

“Estamos más gastados más tristes menos dóciles más esquivos y lentos”… “La inagotable sangre si vierte en los mitos los crímenes que mueblan las mejores sagas los parricidios los incestos los tormentos las erinneas las moiras ilustran las rabietas celestiales ¿qué se podía esperar de los humanos con ese mal ejemplo de los dioses?..

Así va forjando laberintos sinuosos y sin salida que son los más hermosos, sin indicios “todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales, sabemos que los perros y los caballos tienen las patas sobre la tierra pero no es descartable que una nochebuena se lancen a volar.

Comparto con ustedes En Primera Persona

Un cielo melancólico acompañó mi infancia

Dios era una entelequia de misa y sacristía

Con siete padre nuestro y alguna Ave María

Me otorgaba perdones su divina jactancia

Luego poquito a poco fue tomando distancia

Y un día me hallé lejos de aquella eucaristía

Vi tantas injusticias y tantas porquerías

Que Dios ya no era Dios sino una circunstancia

Se agravó mi conciencia maravillosamente

Y cada vez son menos las cosas en que creo/

Cuando interpelo a Dios se va por la tangente

Los milagros se venden de nuevo al menudeo

Y así me fui cambiando de buen a mal creyente

De mal creyente a agnóstico/y de agnóstico a ateo

 

____________________

 

por:

 

Katherine Oyarzún Cornejo

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